N°171 - 06/Oct
Nº 171 10/2017 Edición Octubre

La piel sensible del bebé. Algunos tips de cuidado

Todos los días la piel entra en contacto con cientos de elementos externos que van desde productos cosméticos e higiene, hasta la ropa. Si bien la mayoría de las personas tolera sin problema la aplicación de productos que contienen sustancias químicas, hay pieles más sensibles que otras que necesitan de especial cuidado. Una de ellas, es la piel del bebé.

La piel del bebé
En los primeros años de vida la barrera epidérmica no está totalmente formada y, por ello, es más fina que la de un adulto. Se estima que a un recién nacido le toma todo un año desarrollarla. Por ello, la piel de los bebés es muy sensible y más susceptible a sufrir lesiones, resecamiento y deshidratación.
Existen tres particularidades de la piel del neonatal:
1) Tiene un mayor índice de pérdida hídrica transepidérmica. 2) Posee una menor cantidad de factor natural de hidratación. 3) Su pH es levemente más elevado que el del adulto.
Según estudios de la Clínica Pediátrica de América del Norte, el 80% de los recién nacidos desarrolla alguna lesión de piel durante el primer mes de vida. Esas alteraciones pueden ser fisiológicas –consecuencia, por ejemplo, de las acciones de hormonas maternas o de la transición del medio intrauterino al extrauterino, como la descamación fisiológica-, genéticas o adquiridas.
La gran mayoría de las consultas dermatológicas pediátricas suelen ser por algún tipo de dermatitis.
Existen tres factores clave en el cuidado de la piel de los recién nacidos: preservar la integridad, prevenir la toxicidad y la proximidad a determinados productos químicos. Dada la sensibilidad de la piel de los bebés es esencial que los productos cosméticos e higiénicos que entren en contacto con ellos hayan sido previamente testeados. Deben estar libres de sustancias irritantes para la piel, los ojos y no deben alterar el pH fisiológico.

Piel sensible
La piel sensible es aquella que tiene alta reactividad y baja tolerancia a agentes externos (como fragancias, colorantes y conservantes de productos cosméticos), y suele estar seca y enrojecida. En algunos casos, estas sustancias pueden llegar a irritarla, lo que produce picazón y hasta descamación y ardor. En la piel sensible, la función de barrera de la piel no actúa de manera eficiente ante el contacto con ciertos agentes. En esos casos, se genera el traspaso de sustancias que pueden motivar infecciones y daños. La penetración de gérmenes y alérgenos, además de dañar la piel, actúan deteriorando aún más la función de barrera de protección de la misma, lo que genera un círculo negativo porque facilitará el desarrollo de nuevas infecciones.

Cuidado con la ropa
Quienes sufren de piel sensible no sólo se ven afectadas por la exposición a diversas sustancias en productos cosméticos, sino también a determinado tipo de telas. Al momento de optar por la ropa que va utilizarse se desaconseja aquellas fibras rugosas como la lana, dado que suelen exacerbar los síntomas de la dermatitis. Lo mismo sucede con fibras como el nylon y el poliéster: si bien retienen la humedad, una vez que son retiradas del cuerpo ésta se evapora de golpe, lo que es dañino para la piel.
Las mejores telas son aquellas que dejan pasar el agua de la piel hacia afuera, como el algodón. En ese sentido, el uso de suavizantes es fundamental tanto para el cuidado de la ropa como de la piel. Es que con el correr de los lavados las capas que protegen la tela se van deteriorando, lo que genera un daño en las fibras de la misma. Este proceso hace que la tela quede áspera y pueda irritar la piel tanto de quien la usa como al entrar en contacto con la ropa de otro, por ejemplo en un abrazo.
Al estar en contacto directo con la piel humana durante períodos extensos, las telas tienen relación directa con el ambiente cutáneo. Durante la noche un bebé puede girar hasta 12 veces en una hora por lo que es fundamental que los tejidos que lo rodean, sus sábanas y su mantita no se encuentren rugosos y dañen su piel.

Dra. Mariana Virginia Guzmán
Médica graduada en la Facultad de Medicina (UBA).
Especialista en Pediatría y dermatología Pediátrica (UBA).

Fecha
02/10/2017
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