N°177 - 03/Oct
Nº 177 10/2018 Edición Octubre

La revolución de una sonrisa

La calidad del contacto con el bebé es fundamental: cómo lo miramos, qué tan cerca, qué tan lejos, ¿le hablamos o no?, ¿de qué forma?, ¿qué le expresa nuestro rostro, nuestra mirada, nuestro tono de voz? En los primeros meses de vida, es cuando aparece la sonrisa intencional en el bebé y algunos aspectos del desarrollo psicológico.

El bebé es un buscador de estímulos, que presenta la capacidad de responder o no si lo considera una amenaza. Tiene preferencias por la voz, el rostro y el contacto humano. Le gustan los baños de palabras, que anticipen lo que va a suceder con su cuerpo y lo que sucede alrededor. (T, Brazelton, 1979)
Abre los ojos como una señal de apertura y los cierra buscando un descanso visual o dando la señal de rechazo. ¿Cuánto tiempo nosotros los adultos sostenemos las miradas? Lo cierto es que la mirada en el bebé es un gran organizador psíquico: el ser mirado amorosamente, lo organiza internamente. Si bien es importante lo que se actúe con él, buscando interacción, observarlo es una manera de estar acompañando los movimientos que realiza por sí solo, reconocerlos como movimientos libres, algunos más automáticos como los reflejos, otros que van transformándose en creados e intencionales.
Al principio su vivencia no tiene integralidad, no sabe que ese dedo que pone en la boca es suyo, no tiene aún una representación de sí mismo y de su cuerpo como unidad. Gradualmente, gracias a la acción que pone en juego como modo de conocer el mundo y gracias a las sensaciones y funciones recibidas del entorno, podrá ir uniendo y coordinado, un proceso que lentamente culmina en el acceso a saber que esa mano es suya y que tiene un cuerpo propio separado de otros. Pero para esto, el ser humano necesita más que doce meses.
Los bebés son muy capaces cuando nacen y "se comunican" a través de su comportamiento, que aunque no siempre lo parezca, es un lenguaje racional. No sólo responden a las señales que los rodean, como las caras de sus cuidadores afectivos, sino que también toman medidas para controlar su entorno, como llorar para obtener respuestas.
En los primeros meses de vida, no pueden, por la inmadurez de su sistema neuromotor, utilizar la motricidad voluntaria, pero su sistema tónico está desarrollado tanto en el plano sensitivo como en el motor. El bebé manifiesta necesidades por tensión muscular de su cuerpo y con el llanto. Por eso podemos observar las señales pre verbales cuando está relajado, con expresión de bienestar, con una mirada que busca contacto visual, brazos que poco a poco irá moviendo hasta poder alzarlos en expresión de necesitar ¨upa¨, en tanto necesidad afectiva de proximidad.
H, Wallon (1980) defiende que, en el desarrollo humano, se produce una transición desde lo biológico a lo social gracias a la presencia del otro. En los tres primeros meses, la interacción es de orden sensorial y tónico-emocional, por eso, es muy importante el intercambio a ese nivel, donde las sensaciones táctiles y el contacto con el movimiento del otro (puesto por ejemplo en acciones como el balanceo) permitan que su organización tónico-emocional se configure con cierta armonía y sincronicidad.
Las formas de mirar, de tomar al bebé, de presionar al acariciar, tienen la capacidad de ofrecer seguridad afectiva, confianza, por eso es diálogo tónico, es intercambio entre dos cuerpos. ¿En qué consiste un buen comienzo para el desarrollo y la estabilidad de los recién nacidos? E. Erikson, ubica tres períodos dentro del desarrollo infantil temprano. En el primero que comprende los primeros 18 meses de vida, dando relevancia a la función del trato recibido para elaborar la primera crisis psicosocial, que se vincula a la posibilidad de confiar vs desconfiar. Al destacar lo psicológico, señala que el hecho de sentir o no confianza es un fenómeno psíquico fundacional de la construcción del desarrollo.

Desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses, el bebé desarrolla la sensación física de confianza vs. La desconfianza. El pequeño recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas importantes; es receptivo a los estímulos ambientales es por ello sensible y vulnerable. Los bebés desarrollan un sentido de confianza cuando los cuidadores proporcionan fiabilidad, atención y afecto a través de los sentidos. Su ausencia dará lugar a la desconfianza.
La estimulación sensorial es fundamental ya que la forma de relación es a través del contacto corporal físico, piel a piel, cara a cara, posturas y modos de sostener. Los contactos o envolturas, son la forma de tomar al bebé, de hablarle, mirarle, acariciarle, y hay que hacerlo adecuadamente para ofrecerle al niño seguridad afectiva.
Estos contactos se ponen en juego a la hora de cambiar la ropa, higienizar, abrigar, alimentar, acompañar al descanso. Por lo cual es importante realizar estas prácticas de cuidado no como algo automático, sino también de descubrimiento y oportunidad para la nutrición afectiva, encontrando lo singular y espontáneo en esas instancias de aproximación a su cuerpo.
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Henri Wallon (París, 15 de junio de 1879–ibídem, 1 de diciembre de 1962) fue un psicólogo francés, profesor del Colegio de Francia, director de estudios de la Escuela Práctica de Altos Estudios y director del Instituto de Investigaciones Psicobiológicas del Niño, de París.


“Desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses, el bebé desarrolla la sensación física de confianza vs. La desconfianza. El pequeño recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas importantes”.


El bebé comienza a respirar una vez que nace, y luego a sumergirse en el primer laboratorio cognitivo, placentero y nutricio como es la zona oral. Por eso alimentarse es más que comer. El desarrollo psicológico implica el pasaje desde los ¨sistemas de acción pera daptados¨, reflejos o conductas arcaicas, que permiten sobrevivir para transformarse en la realización de acciones intencionales que paulatinamente distinguen medios y fines, junto con la construcción de un rumbo hacia el acceso a la representación simbólica.
El nacimiento psicológico o segundo nacimiento señala (Rochat, P 2004), es cuando asoma la sonrisa social, emblema de que la interacción con el medio cambia, la sonrisa distingue lo automático de lo intencional. Esa sonrisa es un paso clave en el desarrollo e implica una revolución que permite afectividad, expresión y es signo de placer, de gozo, en clave de interacción.
Por lo tanto, un bebé que llegue a expresar esa sonrisa intencional es revolucionario, es señal de que otro gran organizador psíquico aparece, por eso es tan importante celebrarla cada vez que la encontremos y sino irla a buscar.
La siguiente revolución es a los 9 meses; dónde las conductas tríadicas significan que el bebé junto con otra persona, observan a un objeto, o juegan con él, lo cual permite mayor capacidad de funcionar simbólicamente. Aumenta la conciencia de los demás como personas, comprenden gestos declarativos, siguen con la mirada, y logran controlar más la atención de los demás y compartir con ellos un interés por los objetos y los sucesos del entorno.


“Comienza a discriminar las personas conocidas de las desconocidas, y se muestra ansioso, llora ante la presencia del extraño. Comunicando que ya está reconociendo su mundo conocido, cotidiano, del desconocido”.


También en esa etapa sucede la angustia del octavo mes (Spitz), dónde ya comienza a discriminar las personas conocidas de las desconocidas, y se muestra ansioso, llora ante la presencia del extraño. Comunicando que ya está reconociendo su mundo conocido, cotidiano, del desconocido. Lejos es la idea de que era ¨simpático¨ y ahora dejó de serlo, por el contrario lo que le pasa tiene que ver con algo que se está fundando y expresando a nivel de su desarrollo psicológico que nada tiene que ver con la simpatía.
Por eso, en las prácticas de cuidado, contribuyen a conocer las necesidades de los bebés, sus capacidades, tiempos madurativos e indicadores de desarrollo a fin de poder protegerlo, promoverlo y contar con cierta información para interpretarlo a través de las conductas que nos muestran.


Maria Soledad Vieytes
LICENCIADA EN PSICOLOGIA
INSTRUCTORA INTERNACIONAL DE MASAJE INFANTIL
amalteamasajeinfantil@gmail.com

Fecha
02/10/2018
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