N°169 - 06/Ago
Nº 169 8/2017 Edición Agosto

¡Vamos a jugar!

Hoy: día del juego

Con la llegada de los primeros fríos reaparecen esas ganas locas de quedarse en casa, de crear “hogar dulce hogar”. Mientras el pequeño se zambulle en una de sus largas siestas, aprovecho para tirarme en el sillón y mirar tele. Sí, me encanta hacerlo, y me trae recuerdos de otras épocas donde no valoraba tanto el “ocio”. A veces el cansancio hace que hasta estos momentos sean bienvenidos y estén absolutamente teñidos de placer gracias a esta nueva y vertiginosa vida que elegimos.
Tumbada en el sillón y con la mente más en blanco, miro la tele, absolutamente por inercia ya que estaba puesto un canal infantil y me di cuenta varios minutos después. Lo interesante fue que cuando presté atención me percaté que estaban promocionando el “día del juego”. Será un día en el que el canal “apagará” su señal por tres horas, invitando a los niños a salir a jugar al aire libre. Mi primer pensamiento fue “bueno al menos algo”… es “una iniciativa interesante”. Luego de unos segundos cambió a “increíble que ahora hasta les ordenen cuando salir a jugar” y hubiera agradecido a mi mente que dejara de pensar en ello, pero no fue así y sigo reflexionando sobre el tema. Entre tantos pensamientos, me acordé de cuando era niña y jugaba en la calle: la rayuela, el poliladron y mi amado “cordón”. Me fascinaba hacerlo y más aún en verano cuando en la calle de La Floresta, a lo largo del arroyo Sarandí, se organizaban grandes campeonatos de cordón. Sin importar la edad, estábamos todos ahí: padres, hijos, amigos, abuelos… era una fiesta. Generalmente, esos recuerdos, son los que mantienen vivo a mi niño interior y aquí estoy nuevamente hablando de juegos y jugar.
Vuelvo al día del juego ¿será necesario? ¿Será ese uno de los caminos de retorno, si es que lo hay? ¿Será que nosotros, padres, debemos volver a conectarnos con nuestro niño interior? Ya que estamos en una fecha donde los juguetes acaparan toda nuestra atención, pensemos si nuestros hijos quieren realmente ese juguete que les compramos para el Día del niño o preferirían jugar con nosotros, experimentar un día diferente, sin pantallas, ni relojes, sin apuros, repleto de risas, ricos sabores, aromas, caricias y lucha de almohadas. ¿Será que de una vez por todas podremos entender que ellos nos necesitan a nosotros, y no lo que nosotros les damos envuelto en papel brillante creyendo que necesitan?
Pienso en esto, le doy vueltas, lo intercambio con pares y me preocupa que todos pensemos igual pero ninguno haga lo que siente sino que caemos sumisos al último y más caro juguete que nos promete convertirnos mágicamente en súper padres.
Ni superhéroes, ni súper padres, seamos nosotros e invitemos al sentido común a ser parte nuevamente de nuestras vidas. Estoy segura que con eso ya es bastante.
De todos los días del niño que viví de pequeña, tiendo a pensar sólo en uno. Me habían regalado un pasa cassette rojo y azul, con un micrófono que permitía grabar o cantar al tiempo que sonaban las canciones, era para mí lo último en tecnología. Lo curioso, lo que me lleva a recordarlo, es la cantidad de canciones que esa mañana canté, la forma en la que bailaba en pijama en la cama mientras mis padres cantaban. Al otro día de ese mágico día del niño, cuando en la escuela me preguntaron que me habían regalado dije: “canciones en pijamas”. Créanme fue una sensación increíble. Estoy segura que a muchos de ustedes les vendrán imágenes de momentos así.
Entonces, en este día del niño demos a nuestros hijos, aquello que realmente importa: tiempo de placer con ellos Disfrutemos su niñez que es única y es ahora.


Patricia Olivera
Lic en psicomotricidad
Instructora en masaje infantil
espaciolavi@gmail.com

Fecha
02/08/2017
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