N°162 - 01/Ene
Nº 162 1/2017 Edición

Al agua pato, pato….estrenando los primeros chapuzones

A casi todos los niños les encanta el agua, pero a algunos les cuesta darse el primer chapuzón o ven a las olas como amenazantes y el miedo les impide disfrutar de un baño en el mar o zambullirse en una piscina. Es normal, y en ese caso la tarea de este verano será la de ayudarlos a ganar confianza transmitiéndoles que nada malo les pasará.

Si durante el año tu hijo concurrió a un club y ya se inició en el aprendizaje de tirarse al agua, seguramente este verano disfrutará cuando tenga la oportunidad de darse algún chapuzón. Aunque si la propuesta es conocer por primera vez el mar, puede que las olas lo intimiden. De todas formas, cuando un niño ha ido a clases de natación desde chiquito se sentirá más confiado al enfrentarse a la inmensidad del agua. Por lo general, los que hicieron natación de bebés y se sumergieron por primera vez en brazos de sus padres o de profesores expertos no tienen reparos, siempre y cuando la práctica haya sido constante. Pero los más grandecitos que tiene poco o nada de experiencia y que, de pronto, se encuentran en el borde de una piscina o a la orilla del mar, es posible que sientan miedo y no acepten ni siquiera mojarse los pies. Paciencia. Con ayuda podrá superar ese medio.
Lo más adecuado es concederles el tiempo necesario y no apurarlos. Y como sucede en todos los aprendizajes, el camino del juego es el ideal. Podrán sentarse a jugar en la arena lo más cerca de la orilla posible, ir juntos a buscar agua y poco a poco mojarse con la ayuda de un balde. Ese primer encuentro con el mar debe ser paso a paso, tranquilamente y con nuestra compañía. Por supuesto, sino quiere meterse al agua, jamás forzarlo. Ante el miedo una opción puede ser tomarlo en brazos y caminar por la orilla para luego, de a poco, irse juntos metiéndose en el agua.
A medida que pasen los días en la playa, animarlo a que se meta un poquito cada vez más, según cómo vaya reaccionando. Sus progresos, aunque parezcan mínimos, hay que destacarlos, demostrarle lo valiente que ha sido para que continúe avanzando. Nunca hay que soltarles la mano en el agua sin que esté de acuerdo, ni presionarlo por lo que otros niños pueden hacen y él no.
Obligarlo sin su consentimiento lo hará vivir una experiencia negativa mucho más difícil de superar que si dejamos que siga su ritmo y vaya avanzando a medida que gane confianza y seguridad. Es más, si prefiere pasar el día de playa sin ir al agua no debería estresarnos. Acaso, ¿cuántos adultos conocemos que sienten hacia el mar un profundo respeto, algo de temor y entran y salen solo para refrescarse, o ni siquiera se mojan? Pues imaginemos lo que puede sentir un niño pequeño, ante la inmensidad del mar.
Hay muchas otras cosas que los niños pueden hacer en la playa para igual disfrutar: jugar con la arena, saltar las olas en la orilla, caminar buscando piedras y caracoles o llenar una piscina con agua de mar y chapotear un poco ahí, debajo de una sombrilla. Dejemos mejor que si prefiere, disfrute haciendo estas cosas sin forzarlo a ponerse un flotador y meterse al agua.

Paso a paso
En el aprendizaje para que pierdan el miedo al agua los adultos jugamos un papel fundamental. Primero que nada, no preocuparse, ya que a muchos niños les pasa: lloran en cuanto intentamos acercarlos a la orilla, no les gusta el agua fría, ni las olas que vienen y van, y los gritos de los bañistas en lugar de divertirlos los asustan mucho. Por eso, para evitar estos rechazos, es conveniente familiarizarlos con el medio desde pequeños. Cuanto antes se produzca el contacto con el agua, mejor será la adaptación y facilidad para el aprendizaje. A medida que crece es más probable que desarrolle sentimientos de desconfianza hacia el agua.

Ya desde los primeros meses, siendo aún un bebé, puede iniciarse en el medio acuático. No obstante, hasta los cuatro años es demasiado pequeño para desarrollar autonomía en el agua y adquirir movimientos de la natación.

La ducha: es a través del baño que los niños empiezan a habituarse al agua. Se recomienda en algún momento probar entrar a la ducha con él en brazos, sin que el agua tenga demasiada presión y a una temperatura agradable (más cerca del frío que del calor). Lo vamos mojando de a poquito, los pies, luego las piernas, brazos y así sucesivamente todo el cuerpo. Es un juego que en compañía de mamá o papá, en un lugar conocido, como es el baño de la casa, y bajo un agua tibia, todo irá bien.

En una piscina pequeña: si es posible comprar una piscina chiquita, ponerle poca agua, por lo menos al inicio del aprendizaje. Sostener al niño colocando una mano en su panza y la otra sobre la cola y pasean con él de manera tal que los piecitos le toquen el agua. Luego darlo vuelta sosteniéndolo de la nuca y por debajo de la cola haciendo que haga un circuito en forma de plancha, y finalmente le animaremos a que se siente solito.

Aclimatación en agua dulce: antes de pasar a las olas del mar, lo ideal es poder experimentar usando una piscina más grande y con más agua. De pie en el agua, ya no ve sus piernitas de las rodillas hacia abajo, y eso puede resultarle inquietante. Lo importante es que comprenda que pueda apoyarse en el agua. Para animarlo a que puede realizarlo, tomarlo de la mano y que camine en la piscina. Al ponerle flotadores en los bracitos se sentirá más seguro.

Afrontar las olas: si por alguna razón van a pasar directamente de la ducha al mar, háganlo suavemente. Es conveniente que se sitúen en un lugar lo más tranquilo posible cuando lleguen a la playa y empezar jugando con baldes llenos de agua, mojarle primero los pies, luego las piernas, panza, hombros y por último la cabeza. Hay que avisarle siempre lo que van a hacer y obviamente dejarse mojar. Cuando estén en la orilla, nunca sin los flotadores en los brazos, otro flotador con forma de animal o algo que le guste ayuda a sumarle diversión. Cuando acepte que el agua le llegue a su ombligo jugamos a saltar y a bailar juntos (es otra forma de que despegue los piecitos del suelo), agarrados siempre de las manos. También pueden dejar que se suba a la espalda de alguno de ustedes y nadar un poco, agarrado al cuello, por donde no los cubra del todo el agua.
Otra actividad es que ambos padres sostienen a su hijo. El niño se coloca boca arriba, el papá lo sostiene por la nuca y los hombros y la mamá por la cintura y las piernas. Mamá anuncia que retira una mano (la de debajo de las piernas), después la otra queda casi está flotando solo. En el siguiente baño pueden ir más lejos, siempre que no se asuste. Y así, poco a poco, le irá perdiendo el miedo al agua. Y todos juntos al ¡agua pato, pato, sin los zapatos, patos!

María Eugenia Vilardo, Lic. en Psicomotricidad
eugenia.vilardo@gmail.com

Fecha
01/01/2017
Algunos temas en esta edición
Enviar por email
Email de tu amigo Mensaje