N°161 - 01/Dic
Nº 161 12/2016 Edición

Inventarse una maternidad propia

Las invito a pensar juntas las nuevas maternidades que están surgiendo, o mejor dicho en la forma renovada en que cada uno inventa su propia maternidad. No hay una receta para ser la madre ideal. Hay tantas maternidades como madres e hijos en el mundo.

En los últimos meses he tenido la oportunidad de tener muchos encuentros con mujeres embarazadas y recientes mamás, ya sea en talleres, charlas, grupos de maternaje, de masaje infantil, en la calle, en un café con amigas. En fin... desde que yo misma comencé esta aventura, la maternidad se ha renovado, reinventado ante mis ojos.


La frase “cuando yo sea mamá” quedó guardada en un cajon, cerrado bajo llave. Es común en los grupos que al comentarles esto, todas asienten en silencio y más de una risa se sienta.


Tal vez no sea coincidencia que la última nota del año esté teñida de un clima reflexivo, un mes caracterizado por los balances, la revisión de todo aquello que se hizo y de lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Es por ello que elijo en esta oportunidad compartir con todas ustedes, una reflexión construida en conjunto con todas las maravillosas mujeres con las que a lo largo de todo el año me he cruzado. Quiero que pensemos juntas en las nuevas maternidades que están surgiendo, o mejor dicho en la forma renovada en que cada uno inventa su propia maternidad. Ya es conocido que no hay una receta para ser la madre ideal, lo que funciona a una a la otra le falla, el problema que tiene una la otra no lo tiene y así es y debe ser por esa sencilla premisa que cada uno es un ser único e irrepetible. Hay tantas maternidades como madres e hijos en el mundo.


 “Ya es conocido que no hay una receta para ser la madre ideal, lo que le funciona a una, a la otra puede fallarle, el problema que tiene una la otra no lo tiene y así es y debe ser porque cada una es un ser único e irrepetible”


Todos los días vemos nuevas ofertas de servicios que prometen una maternidad plena, estamos en la era del pseudo conocimiento Y de la pérdida absoluta del sentido común, estamos en un momento en que vale más vender un servicio, un producto que cuidar a la mamá y no culpabilizarla. Aunque claro está que como siempre existen excepciones a la regla y son las que más valen la pena.


Antiguamente, y no tanto, al momento que una mujer quedaba embarazada se formaba a su alrededor una tribu de mujeres que le acompañaban: madres, tías, abuelas, vecinas y amigas, diversas mujeres que le transmitían sus conocimientos, que compartían sus experiencias porque tal vez a la nueva madre le fueran útiles. En la casa de la mujer que recién había parido, siempre estaba una de estas mujeres, cuando no dos, ayudando en los quehaceres de la casa o bien ayudando a cuidar el bebé por breves momentos para que la mamá pueda darse una ducha, alimentarse, descansar, o simplemente para escuchar a esta mamá nueva, para prestarle su hombro cuando las hormonas características del puerperio deciden convertir en lágrimas tanta felicidad, tanto desconcierto, tantos miedos, tantas ilusiones, tantos cambios.


Pero la realidad siglo XXI es un poco diferente para algunas mujeres, por no decir para la gran mayoría. Junto con la independencia de los nuevos logros de la mujer es común que las abuelas de estos tiempos trabajen y tengan vidas muy activas tanto o más como la de la mamá. Entonces es así que surgen nuevos escenarios sociales que necesitan ser colmados. Así es que hoy en día tenemos a las llamadas doulas, que sin lugar a duda son mujeres maravillosas que dedican su tiempo a acompañar a otras mujeres, un trabajo que de tan solidario que es, emociona conocerlo. Existen también cada día más espacios generados para acompañar a las nuevas madres, se pueden conocer como grupos de acompañamiento a la maternidad, tribus de maternaje, y un sinfín de propuestas en el que nuestro país día tras día sigue incursionando, nutriéndose de las experiencias de países como España, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Israel, entre otros.  Celebró la aparición de estos espacios pero exijo respeto y sobre todas las cosas sentido común, que como lineas atrás escribí el “pobre” últimamente anda perdido.


Es necesario comprender que si bien los tiempos cambiaron y los ritmos son otros hay algo que no cambió y es la naturaleza misma, es decir una mujer que parió es una mujer que parió, haya sido 20 años, un siglo atrás, o ayer. Las mujeres como parte de la naturaleza siguen teniendo las mismas necesidades, siguen siendo mujeres.


Hoy en día muchas mamás llegan del hospital con su bebé a casa, el papá esta durante los primeros 13 días por licencia, luego debe reintegrarse o en el mejor de los casos pudo coincidir que su licencia continue inmediatamente a la paternal, pero la realidad es que muchas mujeres a los 13 días quedan solas. Me llama profundamente la atención la falta de sensibilidad que hay hacía la nueva madre, la poca empatía que se tiene en un momento tan especial. De todas las mujeres que me he cruzado a muchas me han dado ganas de decirles: “Tranquila vas a estar bien, va a estar todo bien” aún sabiendo que nadie tiene esa certeza pero sí con la intención de dignificar la maternidad, de acompañarlas y de hacerlas sentir un poco menos solas.


Como ya es costumbre en cada una de mis entregas, les contaré a continuación dos breves anécdotas de unas mujeres maravillosas qu conocí, que reflejan esta necesidad de parar un poco, detener un segundo el reloj y ponernos a reflexionar.


“Si bien los tiempos cambiaron y los ritmos son otros hay algo que no cambió y es la naturaleza de una mujer que dio a luz, sus necesidades siguen siendo las mismas ahora que 20 años atrás”


 La llamada


Tarde de encuentros, risas, anecdotas, de compartir conocimientos, datos que tal vez en algún momento fueran útiles, la charla estaba enfocada en la importancia de la vida emocional-afectiva de la mujer embarazada. Estaba con unas 20 mujeres, todas hermosas, todas con sus historias, todas embarazadas.


Les mencioné la importancia de poder poner en palabras y hablar sobre los sentimientos que van surgiendo en la etapa del embarazo, poder hacerlo sin culpa ni miedo y con la certeza de que no están más que cuidándose.


Termina la charla, era en el espacio de una amiga, le agradezco la convocatoria y acto seguido nos tomamos unos mates acompañados de una linda charla entre amigas.


A los tres días aproximadamente me suena el celular,  atiendo aunque el número sea desconocido, y del otro lado una voz que no ubicaba me decía: “Porque vos te pensás que es fácil, con qué derecho nos dijiste eso y nada más, y si estamos solas…¿solas qué hacemos?” Lo primero que pense fue que era equivocado, le pedí que se identificara  y me dijo que era una de las mamás de aquella charla. Quedé en silencio y recordé las miradas con lágrimas de algunas. Pensé un segundo y le dije: “Gracias por llamarme y por ir a la charla, gracias por haberme escuchado porque sin lugar a dudas lo hiciste, porque mirá, ahora estamos hablando, tuviste el trabajo de averiguar mi número y llamarme.” Del otro lado solo había silencio, no tenía la certeza de seguir hablando con alguien pero seguí diciéndole: “Si me llamaste es porque necesitás hablar con alguien y está bien, te agradezco me hayas elegido, y que bueno que en la charla pude transmitirte confianza para estar ahora hablando. Te escucho”.


Ella se puso a llorar, me contó lo que le pasaba, esta mujer tuvo un increible acto de cuidado hacia ella y su bebé en su vientre, al terminar de charlar por telefono le di el número de una amiga psicóloga, le dije que tal vez estaba bueno que consultara. Días después en una nueva charla en el mismo espacio que la primera, mi amiga me comenta que había pasado una de las mamás de la vez pasada y me habia dejado una deliciosa bandeja de masas, con una nota que solo decía “Gracias por escuchar, gracias”.


Sentido común


Quienes han leido mis articulos de masaje infantil, conocen que al final de cada encuentro dedico un tiempo a la reflexión e intercambio. El tema varía y depende de cada grupo de padres, hace unos meses comenzaron a hablar sobre las indicaciones de los pediatras, eran seis familias, todos contaban que les decían qué podían y no. Algunos se reían de las indicaciones de otros y así se iba armando el cierre. En un momento una mamá y papá se miran y empiezan a reírse y ella dice: “A mí el pediatra me dijo que no usara cucharas redondas pero si en forma de gota”. Me los quedé mirando, como que no entendía lo que decían y como yo, todos los que allí estabamos. Ellos se reian de las cucharas y nosotros los acompañamos, de repente se escucha “por favor tengamos sentido comun” y tras eso una sucesiva de disparates que los padres comenzaron a contar y yo les transmitia algunas cosas que como mamá me pasan.


Para finalizar una mamá me pide para hacer el cierre y como a mi me encanta escucharlas se lo cedi y dijo lo siguiente. “Saben que estoy podrida que nos digan qué hacer, el mundo necesita actualizarse, necesita recobrar el sentido común, a mi el otro día me dijo la educadora que no lo llevara al baño cuando yo me baño porque era malo para él, y saben qué…no le di pelota, porque cuando me baño estoy sola en casa y el tiene 7 meses y si me escucha cantar desafinando de ultima saldrá con buen gusto musical pero no se va a traumar por eso. Y saben que a partir de eso empecé a pensar un montón en todo lo que me dicen que haga y deje de hacer y al fin y al cabo yo soy la madre, yo lo cuido, yo creo saber qué es lo mejor para él. ¿Y quieren saber más? ¡Renuncié a mi trabajo para quedarme en casa con él! Ya está lo dijé... renuncio ser la gerenta fulana de tal, quiero ser la mamá de. No sé ustedes pero mi sentido común me dice que a mi hijo lo tengo que criar yo con mis errores y mis aciertos pero tengo que hacerlo yo, estoy loca ya sé...”


Su esposo asentía todo el tiempo, la miraba orgulloso, yo incrédula que una alta ejecutiva de una importantisima multinacional me diera tal lección, y el resto de los padres emocionados le decían cosas como: “tenés razón”, “es lo más razonable que escuché en los últimos tiempos”, “te admiro, sos una genia”.


Sobran las palabras para invitarlas a reflexionar, para decirles que cada una de ustedes será  la mejor mamá que pueda ser y que la maternidad las convertirá en la mejor versión de ustedes mismas.


¡Chin chin! Y Felices Fiestas. Nos encontramos a la vuelta.


 Patricia Olivera Arbildi


arbildipatricia@gmail.com


 


 


 

Fecha
01/12/2016
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