N°161 - 01/Dic
Nº 161 12/2016 Edición

Nutrición afectiva Derecho emocional, fundamental en la infancia

Con el concepto nutrición afectiva se quiere comunicar la importancia de aspectos que nutren emocionalmente a un niño asociados al vínculo que tenga con esas personas para él significativas. Imposible nutrir emocionalmente a un niño sin estar en vinculo.

A la nutrición afectiva la integran componentes que fortalecen y nutren las bases de la autoestima, seguridad, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, autonomía,  todas esas características que perfectamente pueden asociarse a la inteligencia emocional de una persona.


El vivir sensaciones placenteras, el ver un rostro que regala una sonrisa, que pone palabras a las emociones del niño, que las intenta comprender para poder ayudarlo a que también las comprenda, son tareas que a veces desorientan a los adultos y provocan una amplia gama de sentimientos.


Pocas veces hablamos de los sentimientos que nos producen las emociones de nuestros hijos, solemos inclinarnos a atender más el área del hacer. Por ejemplo: ¿qué hay que hacer si mi niño hace una rabieta? Queremos, muchas veces, la receta, la solución para evitar ese comportamiento del niño que expresa de algún modo su enojo o  cansancio  y que no queremos que ocurra. Pero tenemos que poder responder por qué no queremos que ocurra.


Quizás las primeras preguntas que podemos hacernos a nosotros mismos es identificar qué nos provocan los comportamientos que nos preocupan de nuestros hijos, intentando transcenderlos para visualizar esa expresión emocional que nos causan y que pueden ir desde la tristeza, al enojo o el miedo.


Podemos algunas veces darnos cuenta más fácilmente en algunas situaciones que en otras, pero lo importante es intentar ver qué emoción sostiene lo que hacemos, y qué creencias y pensamientos tenemos.


Hacer esos ejercicios como adultos, permite ayudar al niño a ampliar la capacidad introspectiva, de relación consigo mismo y con los otros, comprenderse, comprender y ser comprendido.


“La nutrición afectiva adquiere importancia particular en la infancia porque es cuando se establecen las bases del quererse a sí mismo al sentirse querido por los demás”


Mantener el autocontrol frente al descontrol de los impulsos de los niños es parte de la nutrición afectiva. No se puede nutrir afectivamente a un niño que ante su descontrol ve que tiene el poder de descontrolarnos. Porque ahí no lo estamos nutriendo para el ejercicio de su propio autocontrol y su demanda es justamente esa necesidad afectiva de ser ayudado frente al desborde de impulsos que no puede manejar porque le faltan herramientas.


La herramienta se la tenemos que dar nosotros, sus referencias afectivas, a fin de que a medida que crezca comience a regular los impulsos que no lo benefician para las relaciones interpersonales y consigo mismo. Esto es para cuidar de sí, y a otros. Nadie puede cuidar si no fue cuidado, por eso también se habla de cuidar a los que cuidan.


“Autocontrol: no se puede nutrir afectivamente a un niño que ante su descontrol ve que tiene el poder de descontrolarnos”


La nutrición afectiva entonces es un derecho emocional de todas las personas, donde en la infancia adquiere importancia particular porque allí se establecen las bases del quererse a sí mismo al sentirse querido por otros.


Por lo tanto, atender a las situaciones de nuestros hijos, mentalizar las emociones que pueden estar sintiendo, automentalizar las nuestras, y regular las emociones, son parte de un proceso que el autor Felipe Lecanellier llama A.M.A.R.


Así que a A.M.A.R, tiene este doble movimiento: parte desde lo que hace y puede sentir el niño, a lo que siente el adulto y a lo que finalmente conscientemente el adulto decide hacer a fin de regular las emociones del niño de una manera nutritiva en las situaciones que se presentan.


Soledad Vieytes


amalteamasajenfantil@gamil.com

Fecha
01/12/2016
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